Studio Vanta es un estudio inventado: me di a mí mismo el encargo que nadie me había hecho. Nombre, voz, equipo y sistema visual salieron del mismo ejercicio — diseñar una identidad completa sin un cliente que la recorte, y después construir el sitio que la sostiene. Inventar el brief también es diseñar.
Una sola familia tipográfica para todo el sistema, y una paleta que va del rojo al naranja al magenta — saturada a propósito, en contra del gris institucional del rubro. El sitio está escrito a mano en HTML, CSS y JavaScript: sin frameworks, sin CMS, sin dependencias.
La marca opera como sello: tres círculos que funcionan en negro sobre blanco y en blanco sobre color.
El sitio se estructura como una grilla editorial: hero, servicios numerados, equipo, contacto. Cada bloque respira por sí solo. La navegación es lineal — sin menús desplegables, sin sidebars.
Los retratos del equipo pasan por un dither de dos tonos: el mismo lenguaje de trama que gobierna el hero. La ficción se sostiene por el sistema, no por el texto.
Es un canvas: un campo de calor tramado y once círculos con las letras de Studio Vanta, que se dispersan con física propia cuando el mouse entra y vuelven solos a su lugar. Poco más de dos mil líneas de HTML, CSS y JS, sin una sola dependencia.